El Seminario Mayor debe preparar a los futuros sacerdotes para llevar adelante el programa pastoral propuesto por el Obispo diocesano en comunión con el Santo Padre. Reconociendo que la misión de salvar y santificar a los hombres se realiza principalmente en la Iglesia por el ministerio de los sacerdotes, se entiende la gran prioridad de promover la formación de numerosos y santos sacerdotes[1] capaces de transmitir las dos fuentes principales de Vida eterna: la liturgia y el ministerio de la Palabra.
[1] CIC, c. 385.
Para poder participar activa y plenamente en estas fuentes primarias de las que vive la Iglesia es necesaria una catequesis rica en contenido doctrinal y en formación de la piedad, utilizando como material de base el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, tal como lo ha mandado el Papa[2].
[2] Cf. Benedicto XVI, Motu Propio para la aprobación y publicación del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica.
Dado que la pastoral en los seminaristas y en los sacerdotes formadores es algo esencial[3], “todos los formadores deben tratar de valorar cada uno de los aspectos formativos, teniendo presente este fin principal del seminario (…) incluso durante el servicio educativo”[4]. Así, también los profesores al enseñar, además del carácter científico, pondrán “de relieve el valor pastoral”[5] de sus materias.
[3] Cf. OT, 4. Cf. Congregación para la Educación Católica, Directrices sobre la preparación de los formadores en los Seminarios (Di), 28 (4 de noviembre de 1993).
[4] Di, 28.
[5] Ibidem.
Considerando que el Corazón de Jesús es el símbolo del sacerdocio y ejemplar acabado del Buen Pastor que da la vida por su rebaño, “la actividad apostólica ha de brotar siempre de la unión íntima con Dios”[6], a fin de colaborar -como instrumentoen la obra divina mediante la celebración del Sacrificio Eucarístico, fuente y cima de toda la vida cristiana[7], que “continúa sin interrupción la obra de nuestra redención”[8]. Por ello, el Seminario busca que los seminaristas sean formados en y por las mismas actividades sacerdotales, ya que en ellas debería plasmarse la entrega personal de los futuros sacerdotes mediante “una inserción vital en el misterio pascual de Jesucristo muerto y resucitado, presente y operante en los sacramentos de la Iglesia”[9].
[6] CIC, c. 675,2.
[7] Cf. SC, 10.
[8] PO, 13.
[9] PDV, 47.
Siendo la misma vocación al sacerdocio “un don y un fruto de los sacramentos”[10], “la liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza”, pues a partir de ella “mana hacia nosotros la gracia (...) y se obtiene con la máxima eficacia aquella santificación de los hombres en Cristo y aquella glorificación de Dios a la cual las demás obras de la Iglesia tienden como a su fin”[11].
[10] PDV, 48.
[11] Sacrosantum Concilium (SC), 10.
En lo que respecta a las fuentes primarias de su ministerio y espiritualidad, los candidatos al sacerdocio aprovecharán la riqueza propia del Seminario para descubrir y vivir la centralidad del Santo Sacrificio de la Eucaristía como origen y culmen de toda la vida de la Iglesia[12] y “fuente y cumbre de toda la vida cristiana”[13] . Nuestro pueblo paraguayo mostró siempre una gran sensibilidad a la belleza artística de la liturgia, que tan bien supieron aprovechar los primeros misioneros y que hoy también debe utilizarse con gran ahínco, de modo que la solemnidad y belleza de los ritos sagrados eleven los espíritus y los cuerpos de los alumnos a las cumbres de la contemplación[14]. En efecto, es en la celebración del misterio del culto cristiano y en la meditación cotidiana de la Palabra que se encontrarán plenamente con el misterio salvífico del Señor, al que servirán toda su vida en el ministerio sacerdotal.
[12] Cf. CIC 246 § 1.
[13] Lumen Gentium (LG), 11.
[14] JUAN PABLO II exhortaba en su Discurso a los obispos de Paraguay en vista “ad limina”, el 15 de noviembre de 1984, a tener en cuenta el ejemplo de aquella fe que “en los comienzos de la evangelización del continente americano dio al mundo el ejemplo admirable de las Reducciones, las cuales hicieron famoso el nombre de vuestra tierra” (1). En el n. 4, el Papa recordaba a los obispos que “Vuestro trabajo y el de vuestros colaboradores habrá de cuidar siempre el sano equilibrio, la observancia de las normas que la regulan y el decoro propio de la acción sagrada. De este modo, también en Paraguay la liturgia puede ser el gran instrumento pedagógico para la educación de la fe de los fieles”.
Por esto, el Seminario procura que los alumnos participen cada día de forma más “plena, consciente y activa”[15] de la Santa Misa comunitaria. De modo gradual, van profundizando su participación en los sagrados misterios y acrecentando año tras año su participación activa mediante el cumplimiento de las funciones propiamente ministeriales y corales, ya que “una autentica formación litúrgica requiere no sólo la teoría, sino también la práctica.”[16] Así, desde su admisión e imposición de vestimenta clerical, los seminaristas se van preparando paso a paso para el ejercicio de los ministerios del Lectorado y del Acolitado, que reciben en tercero y cuarto año respectivamente. Después de recibir el diaconado al concluir el quinto año, mientras cursan y rinden su sexto año de estudios, los ordenados cumplen un año de ministerio en el Seminario, al tiempo que comienzan a participar en trabajos pastorales dependientes del mismo.
[15] SC, 14.
[16] Instr. sobre la formación litúrgica en los seminarios, 2.
Dada la “importancia esencial”[17] del Sacrificio Eucarístico en la formación de los seminaristas, y a fin de prepararlos mejor para su ministerio futuro, la Santa Misa se celebra en el Seminario según los diversos modelos a implementar en los diversos ministerios diocesanos, una vez recibido el Sacramento del Orden. Así, los martes y viernes se celebran misas de feria, usuales en las capillas dependientes de cada parroquia, que en Paraguay suelen ser más de diez por jurisdicción. Los miércoles se celebra la misa rezada en latín según la forma ordinaria que, siguiendo el derecho canónico[18], es presentada como modelo de misa para el día libre del sacerdote, cuando, sin otra obligación pastoral, celebre privadamente con un acólito. Los jueves se celebra la forma extraordinaria del Rito Romano, de acuerdo al Motu Proprio del Santo Padre Summorum Pontificum y su Carta adjunta a los obispos. Esta misa se celebra como “misa solemne” con todos los ministros. Los lunes y sábados se celebran misas de fiesta, como modelo para la celebración dominical y de fiestas parroquiales mayores. Estas misas, que se ofician mayormente en lengua vulgar y se cantan con mucha solemnidad, se celebran en forma “orientada” los lunes y versus populum los sábados. Los domingos el seminario se congrega junto al Obispo en la Catedral. Esta misa, llamada estacional, reúne en el culto divino a los futuros sacerdotes con su Pastor, que a su vez instruye a los formados con su catequesis episcopal. Por su parte, los fieles son a su vez edificados por el testimonio de comunión de los seminaristas y la belleza propia de la celebración más solemne.
[17] Cf. PDV, 48.
[18] Cf. c. 904.
Siguiendo las indicaciones del “responsable de la práctica pastoral”[19] que -según la Ratio Fundamentalis- debe encargarse de la coordinación de las actividades pastorales que realizan los seminaristas[20] y despertar en los alumnos el verdadero celo apostólico, responsable y sacrificado, los fines de semana, los candidatos van en grupos de dos o tres a las parroquias y capillas a ayudar a los sacerdotes en las misas, a enseñar catequesis y a colaborar en la formación de grupos de monaguillos y posibles vocaciones. En las capillas donde no hay sacerdotes (la mayoría de los casos), los domingos los seminaristas realizan la liturgia de la palabra según el ritual y distribuyen la sagrada Comunión, o bien cumplen otras funciones de acuerdo a su rango y al ministerio recibido. Para poder apreciar su progreso, los párrocos correspondientes envían al Rector un informe semestral con la evaluación de las actividades de los seminaristas que trabajan en su jurisdicción.
[19] RFIS, 27,127.
[20] Cf. Di, 45.
Además de su participación en la Santa Misa, desde el comienzo mismo de la vida en el seminario, se presta particular atención a la celebración tanto comunitaria como personal de la Liturgia de las Horas[21], u Oficio Divino[22], pues será no sólo una importantísima y primaria obligación del futuro ministerio de los candidatos, en la que orarán en nombre de la Iglesia por el pueblo de Dios que les será encomendado y por todo el mundo[23], sino también un manantial siempre vivo de alegría, fortaleza y consuelo, ya que por el rezo de los salmos van aprendiendo a rezar como Cristo, en la comunión de piedad y amor de la Iglesia.
[21] Cf. CIC 246 § 2.
[22] OT, 8.
[23] RF, 53, 176. Cf. PO, 5. Cf. CIC, c. 246, § 2.
Así, los seminaristas rezan en común una parte de la Liturgia de las Horas: los Oficios de Laudes, Vísperas y Completas. Al amanecer se recitan las Laudes y al caer la tarde se rezan las Vísperas, mayormente en lengua vulgar y con canto gregoriano. Asimismo, preocupados por la necesidad de promover la celebración del breviario en latín, por lo menos en privado24, se cantan las Completas en la lengua propia del Rito Romano cinco días a la semana.
Los grandes tiempos y solemnidades litúrgicas merecen un tratamiento especial, ya que señalan las cumbres de la vida de oración de la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo. En estas ocasiones, el Seminario deja de lado sus actividades académicas para poder celebrar del modo más solemne posible las ceremonias y oficios propios de estos tiempos, tales como el Triduo Sagrado, las grandes Vigilias, las Misas y Oficios de la Navidad, la Solemnidad de Pentecostés, las procesiones rogativas, etc.
Fotos de la Formación Pastoral:
Pastoral juvenil:
La pastoral de los enfemos:
La pastoral de los indígenas:
La pastoral de la salud y ayuda material:
Comedores infantiles:
La presencia de la Iglesia en los ámbitos civiles:
La pastoral penitenciaria:
Fotos de la Formación Litúrgica:
La Forma Ordinaria del rito romano:
La Forma Extraodinaria del rito romano
Las ordenaciones:













Investigación previa al proceso de beatificación.