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Promoción y seguimiento
Decía el Beato Papa Juan Pablo II que “las vocaciones son la comprobación de la vitalidad de la Iglesia. La vida engendra la vida...; son también la condición de la vitalidad de la Iglesia... Estoy convencido de que –a pesar de todas las circunstancias que forman parte de la crisis espiritual existente en toda la civilización contemporánea– el Espíritu Santo no deja de actuar en las almas. Más aún, actúa todavía con mayor intensidad”.
La pastoral vocacional es la misión de la Iglesia “destinada a cuidar el nacimiento, el discernimiento y el acompañamiento de las vocaciones, en especial de las vocaciones al sacerdocio”.
Si, como testifica el citado Papa, “la vocación está en germen en la mayoría de los cristianos”, se equivocan quienes piensan que en nuestro tiempo ya no hay vocaciones o que el Señor de la mies (Mt 9:38) ha dejado de enviarlas en aras de una malentendida “hora de los laicos”. Muy por el contrario, también hoy Dios “siembra a manos llenas por la gracia los gérmenes de vocación”. Las vocaciones existen, pero hay que descubrirlas, fomentarlas y acompañarlas.
“El Señor es siempre el que llama, pero es preciso favorecer la escucha de su llamada y alentar la generosidad de la respuesta”, continúa Juan Pablo II, ya que Dios “quiere llamar mediante nuestras personas”. Por ello, “no debe haber ningún temor en proponer directamente a una persona joven, o menos joven, las llamadas del Señor”: “…con pasión y discreción, sed despertadores de vocaciones”.
Teniendo en cuenta que la llamada de Cristo “se hace sentir la mayoría de las veces ya en la época de la juventud y, a veces, se advierte incluso en la niñez”, la Pastoral Vocacional, encargada de preparar y seleccionar los candidatos al Seminario Mayor, trabaja con tres grupos distintos: un CLUB VOCACIONAL, para niños entre 8 a 12 años, una VOCACIONAL DE MENORES, para adolescentes entre 13 y 16 años, y una VOCACIONAL DE MAYORES, para jóvenes y adultos de 17 años en adelante.